Posteado por: Thalia Ehrlich Garduño | 18/12/2008

Anuncio de la Maternidad Mesiánica I

Vigilia_en_Basilica_2-1

Por Thalia Ehrlich Garduño

Hablando de la Bella María en el Antiguo Testamento, el Concilio Vaticano II (Lumen Gentium, 55) se refiere al texto de Isaías que atrajo de modo particular la atención de los primeros cristianos: “He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel” (Is. 7,14).

En el contexto donde el Ángel invita al Buen José a tomar a la Hermosa María como su esposa, “Porque lo engendrado por ella es del Espíritu Santo” Mateo da un significado cristológico y mariano al oráculo. Y añade: “Todo esto ha pasado para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: Sepan que una virgen dará a luz a un hijo y los hombres lo llamarán Emmanuel que significa: Dios con nosotros” (Mt. 1,22-23).

La traducción griega dice virgen (parthenos) precisando con ello el término hebreo (almah) que designa a una muchacha casadera o a una joven recién casada sin decir más. Pero el texto griego es un testigo de alto valor de la antigua interpretación judía que quedó escrita en el Evangelio de Mateo 1,23.

Aquí está el anuncio de la Concepción Virginal de Jesús, e Isaías la presenta como un signo Divino (Is. 7, 10-14), suscitando la espera de una Concepción Extraordinaria.

Una mujer joven casada que espera un bebé, es de lo más normal. Por otra parte, Isaías no menciona de ninguna manera al esposo. Esta formulación sugería por tanto, la interpretación que después se da a la versión griega.

En el contexto original, el oráculo de Isaías 7,14 constituía la respuesta Divina a la falta de Fe del rey Ajaz, que frente a la invasión de los ejércitos de reyes vecinos, buscaba su salvación y la del reino en la protección de Asiria. Isaías le aconseja que ponga su Fe en Dios y que dijera que no a la intervención de Asiria, el profeta lo invita a un acto de Fe en el poder Divino: “Pide para ti una señal al Señor tu Dios…”

Él rechaza a Isaías y prefiere la ayuda humana y entonces el profeta anuncia el célebre oráculo: “¡Oigan herederos de David! ¿No les basta molestar a todos, que también quieran cansar a mi Dios? El Señor Dará una señal: La virgen está embarazada y dará a luz un varón y le pone el nombre de Emmanuel” (Is. 7, 13-14).

El signo de Emmanuel, “Dios con nosotros” es la promesa de la presencia de Dios en la historia y tiene su pleno significado en el Misterio de la Encarnación del Verbo.

(Catequesis del Papa Juan Pablo II, enero 1996)

 

Bendiciones…

 

 

 

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